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Baena
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Baena

Si se leen las descripciones de los autores musulmanes, como al-Idrisi, al-Razí o al-Himyari, se diría que el tiempo se ha suspendido: el paisaje sigue siendo, esencialmente, el mismo que ellos pintaron. Una pintura preciosista, como de miniatura o fondo flamenco: una campiña suave sacudida por las primeras elevaciones serreñas –campiña alta–, ríos esquivos disputándose el vasallaje de numerosos arroyos, tropas ordenadas de olivos cabalgando las lomas, viñas bien cuidadas, árboles frondosos.

 


Baena preside esa pintura ubérrima encaramada en lo alto de una colina. Mejor dicho, esa es sólo la medina, la vieja ciudad musulmana; la parte moderna, llamada el Llano, ha salido al paso de los caminos y se extiende, un poco anárquicamente, junto a la carretera. En conjunto, no obstante, Baena ofrece un aire oriental como pocas ciudades de España.

 

Su nombre procede de Baius, propietario de una villae enclavada en la zona. Este núcleo cobró importancia como centro administrativo de la comarca en el siglo VIII, al entrar los musulmanes en la península y reagruparse aquí la población indígena de la zona, que había dejado el vetusto núcleo ibérico y romano de Iponuba, tres kilómetros al sur. Estos paisanos abrazaron rápidamente el Islam, pasando a engrosar la gran cantidad de muladíes que poblaban el sur de Córdoba. No ha de extrañar, por tanto, que la primera noticia andalusí sobre Bayyana se refiera al éxito que tuvo la rebelión del muladí Umar Ibn Hafsun, a fines del siglo IX. La prosperidad y la paz del califato fue abruptamente interrumpida por el saqueo a que la sometieron los beréberes a su caída, aunque se recobró bajo las dinastías africanas almorávide y almohade. En el siglo XII, al-Idrisi resaltaba que Bayyana era un gran castillo construido sobre una eminencia del terreno rodeada de olivares, campos de trigo e higueras.

 


Sus muros no resistieron, sin embargo, la amenaza cristiana y en 1241 Baena se entregó al rey Fernando III. Se configuró entonces una abigarrada comunidad de repobladores castellano-leoneses, mudéjares y judíos que vivía sujeta a los avatares de la vida fronteriza, dada su posición ante el reino de Granada. No faltaron sobresaltos y sucesos, como los ataques nazaríes de 1300, 1330 y de 1449, cuando la ciudad ya había sido dada en señorío a los Fernández de Córdoba, a cuyo mecenazgo se debería la construcción de sus más importantes monumentos. De Baena salió la tropa que apresó a Boabdil en las inmediaciones de Lucena, en 1483, siendo, según algunos, conducido y recluido en su castillo, cuyos restos, plenos de evocaciones, apenas asoman en la cúspide del casco antiguo.

 

La villa medieval se desbordó hacia el llano y el camino al hilo de calles largas y empinadas donde se escalonan edificios religiosos y civiles, mansiones señoriales y casas blancas de cal y teja que componen un delicioso conjunto en el que flota la huella del pasado andalusí. Además, a partir del otoño no hace falta mirar, Baena se huele. Todos los sentidos confirman que el viajero ha llegado a una de las capitales de la primera región aceitera del mundo.

 

 

Visitas 

Castillo

Las fortificaciones de Baena comprendían un amplio perímetro amurallado, que cercaba la antigua medina, y un castillo unido a él. Edificado sobre una torre romana tras el saqueo de la ciudad a fines del siglo IX, fue reconstruido y ampliado en tiempos del califato. Más tarde, en el siglo XII, los almorávides y almohades lo recrecieron, llegando a contar con dos puertas y siete torres. De nuevo fue reformado por sus señores cristianos, adaptándose para su uso como palacio. Sus restos, fagocitados por el caserío circundante, que se apoderó de sus materiales para reutilizarlos, pueden observarse ante la plaza del Palacio.

Murallas y puerta torreón de Arco Oscuro

Los fragmentos más significativos del recinto fortificado de la medina se encuentran en el lado sur, donde se acentúa la pendiente del cerro. De su obra realizada en la Edad Media, andalusí sobre todo, con algunas reformas cristianas, quedan lienzos de muralla, torres y dos puertas en recodo abovedadas de factura almohade, situadas muy próximas entre sí y conocidas como Arco de Consolación y Arco Oscuro. 
Este último se abre en una torre de mampostería y ladrillo, cubierta por un tejado, con una estancia cubierta por una armadura mudéjar que en el pasado fue sala de reuniones del cabildo municipal. Al norte, visible desde la cuesta de 
la Tela, permanecen otro tramo de muro, en el que se distingue el moderno Arco de Santa Bárbara y una torre albarrana que avanza por la ladera, junto a la plaza de la Constitución.

Iglesia de Santa María la Mayor

Sus primeras referencias se remontan al siglo XIII, cuando se edificó como primer templo cristiano tal vez en sustitución de la mezquita mayor de Baena. Su obra, sin embargo, se debe en su mayor parte al XVI y a reformas de los siglos posteriores. Presenta una bella portada tardogótica, con elementos de transición al renacimiento, labrada en piedra y tres naves con bóvedas de crucería en la cabecera. Según parece, la torre se asienta sobre la base del antiguo alminar.

Convento de Madre de Dios

La capilla del convento dominico fundado por Diego Fernández de Córdoba, quinto señor de Baena, es un temprano ejemplo de arquitectura renacentista, iniciado en 1525 por el arquitecto Hernán Ruiz el Viejo y continuado por su hijo apodado «el Joven». De gran valor plástico son su portada y la bóveda del presbiterio con decoración escultórica, así como la azulejería del XVI de los zócalos, una gran reja de forja, la sillería de coro del XVII en madera de nogal y diversas obras de arte, entre ellas dos lienzos de la escuela de Bassano del retablo mayor y el manifestador, obra en bronce con incrustaciones de lapislázuli, realizado por Jacome Trezzo.

Otros templos

Las iglesias de San Bartolomé, San Francisco, Espíritu Santo y Nuestra Señora de Guadalupe puntean la periferia del casco viejo. La parroquial de San Bartolomé, citada por vez primera en 1448, combina elementos góticos y barrocos. De la conventual de San Francisco, de los siglos XVI a XVII, han de señalarse sus pinturas murales, mientras que el templo de la Virgen de Guadalupe, la patrona, destaca por sus retablos barrocos y su armadura mudéjar del siglo XVI.

Casa de la Tercia

Este almacén de granos, levantado en 1791 y situado a un paso de la plaza de la Constitución, ha sido habilitado como Casa de la Cultura. En una de sus dependencias alberga el Museo de la Semana Santade Baena, donde se exponen ropajes, imágenes, orfebrería y otros objetos y documentos de esta enraizada y espectacular celebración baenense.

Molinos de aceite

El afamado aceite de Baena se produce en las almazaras de la periferia del pueblo. Se hallan en plena faena entre noviembre y marzo. El molino de Santa Lucía, de la firma Núñez de Prado, que conserva una bodega de 1795 con las tradicionales tinajas de barro para almacenar el aceite y unas cuidadas instalaciones.

 

 

 

 

 

 

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