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Lucena
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Lucena

El crisol de culturas –musulmana, judaica y cristiana– que fue al-Andalus se pone de manifiesto una y otra vez a lo largo de la ruta. Al llegar a Lucena, hoy una ancha e industriosa ciudad blanca extendida entre lomas verdeantes, se rememora, como en ningún otro lugar, la importante presencia judía en el sur hispano durante la Edad Media. En efecto, las primeras referencias de la villa datan de fines del siglo IX, cuando aparece con el nombre árabe de al-Yussana o el hebraico Eliossana. En el contexto general de al-Andalus se distingue por ser una de las pocas poblaciones plenamente hebreas de su territorio, considerada en su tiempo una ciudad judía que cuenta con gran población (…) sin ningún gentil. El comercio era, junto al cultivo de los viñedos, el pilar de su prosperidad.

 

 

 

Torre del Moral En el siglo XI pasó a depender del reino zirí de Granada. En el XII se vio obligada a comprar su libertad religiosa a los almorávides. La llegada de los almohades significó el principio de su ocaso hasta la conquista cristiana en 1240. En el período de luchas fronterizas que siguió, fue ganada de nuevo, brevemente, por los musulmanes y se vio asociada a uno de los más celebrados hechos de armas de la guerra de Granada: en 1483 Diego Fernández de Córdoba derrotó y apresó al rey granadino Boabdil en la batalla del Arroyo de Martín González. Propiedad de los marqueses de Comares y luego de los duques de Medinaceli, Lucena acentuó en la edad moderna su expansión, configurando un denso conjunto patrimonial.

 

 

La subida al trono de Abd al-Rahman III en el año 912 y la ascensión al poder de Joseph Hasdai ibn Shaprut favorecieron el incremento e influencia de la comunidad lucentina. En las décadas turbulentas que siguieron a la disgregación del califato, Lucena, la alabada Perla de Sefarad, se convirtió en refugio de correligionarios notables de toda la Península. Entre los siglos XI y XII transcurrió su etapa dorada, pareja a la del judaísmo andalusí. Se dotó de recias murallas, en cuyo interior sólo podían residir los hebreos, que detentaban el gobierno local y contaban con su propia fuerza militar. En ella moraron muchas figuras de renombre intelectual, nacidas en la ciudad o venidas de fuera, como Ishaq al-Fassi e Ishaq Ibn Gayyat, maestros que recogieron la tradición talmúdica, y los insignes poetas Ibn Gabirol y Jehuda-Leví.  

 

Visitas

Castillo del Moral

Principal testigo de la huella de al-Andalus en Lucena, señala el corazón del primitivo núcleo urbano. Edificado, quizá sobre basamento romano, por los musulmanes –con fragmentos datables hacia el siglo XII–, fue muy reformado en época cristiana, sobre todo al transformarse en palacio de los duques de Medinaceli en el siglo XVIII. Es de planta cuadrangular, con patio de armas, doble muralla y cuatro torres, una de ellas, la del Moral, de forma ochavada. En este característico torreón estuvo preso el rey Boabdil tras su captura, en 1483, en la batalla del Arroyo de Martín González. Actualmente sede del Museo Arqueológico y de la Oficina de Turismo. 

Iglesia de San Mateo

Sagrario de la Iglesia de San Mateo

Sagrario de la Iglesia de San Mateo

Uno de los más antiguos espacios de culto de Lucena, pues el templo cristiano se situó hacia 1240 encima de una mezquita, posiblemente edificada sobre una sinagoga. El edificio actual fue iniciado en 1498 y labrado en sucesivas fases hasta el siglo XVIII. De tres naves, estructura gótico-mudéjar y hermosas portadas del gótico humanista, preserva dos piezas artísticas de extraordinario interés: el retablo mayor ejecutado entre 1570 y 1579 por Jerónimo Hernández y Bautista Vázquez el Viejo, una soberbia máquina manierista de escultura y relieves, y la monumental capilla del Sagrario, obra maestra del barroco andaluz concluida en 1772. Los lucentinos Pedro de Mena, Juan del Pino y Leonardo Antonio de Castro fueron los artífices de este fantástico ámbito cupular recubierto de exuberantes yeserías y pinturas. 

Iglesia de Santiago

Un barrio de estrechas callejas nos lleva desde San Mateo a esta iglesia fundada en 1503 por el comendador de la orden de Santiago. Su esquema es gótico-mudéjar con detalles renacentistas y una sustancial reforma del XVIII. Destaca la imagen de Jesús amarrado a la columna, de Pedro Roldán. 

De San Francisco a San Pedro

Gran número de espacios monumentales –iglesias, capillas, palacios – salpican las calles en los aledaños del centro. La iglesia y convento franciscano de Madre de Dios, los «Frailes», es un conjunto del XVI reformado en el XVII, en el que destacan el templo y el claustro. Muy cerca quedan la parroquia de Santo Domingo, antes iglesia conventual de San Francisco de Paula, terminada en 1740, y las ermitas de la Virgen de la Aurora y de Dios Padre, ambas de comienzos del Setecientos, que ponen de manifiesto la riqueza y variedad del barroco local. En torno al eje de la calle San Pedro destacan la capilla de Jesús Nazareno, con una portada salomónica de 1721, que cobija la venerada imagen, magnífica talla del XVI; el palacio de los condes de Santa Ana, hoy sede de los juzgados, modelo de palacio barroco dieciochesco, con portada de mármoles, dos patios y escalera con cúpula de yeserías. Calle adelante, al paso de otras casas solariegas, se encuentran San Martín, la iglesia conventual de las Agustinas construida entre 1669 y 1726, cuyo imponente volumen contiene una gran cúpula elíptica; al final de la calle encontraremos el elegante edificio modernista, de finales del XIX, del Círculo Lucentino.   

San Juan de Dios y el Carmen

Al sur del casco viejo, por el barrio de la Calzada, despunta la torre de la iglesia y hospital de San Juan de Dios, una amplia edificación del siglo XVIII. El templo, dedicado a San Juan Bautista y terminado en 1755, resume los mejores recursos del barroco cordobés: vistosa portada de mármoles, interior cuajado de yeserías, retablos dorados, pinturas… En las inmediaciones, por la calle Maquedano o Mesoncillo, se distribuyen casas nobles de los siglos XVII y XVIII, y, más allá, la iglesia del Carmen, que fue del convento de San José, ejemplar del sobrio barroco de principios del XVII.

 

 

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